Radiografía de un fin de año
La ironía soberana de Carlos del Caño: Radiografía de un fin de año entre el bikini y el satélite (1965)
Por el equipo de edición del blog
Rebuscando en nuestro nutrido archivo familiar, rescatamos hoy una crónica imprescindible de Carlos del Caño S. firmada en Los Peares a finales de diciembre de 1965. En un momento donde el "progreso" oficial vendía modernidad a base de censos espaciales y portadas de revistas, la pluma de Carlos metía el bisturí del humor costumbrista para recordarnos lo que de verdad importaba: la subsistencia de la economía familiar, las nóminas esquilmadas y las eternas promesas de un sistema que, cambie el año que cambie, siempre se repite a sí mismo.
El Documento: Los Peares (Final de diciembre 1965)
LOS PEARES — FINAL DE DICIEMBRE 1965
(De nuestro corresponsal que soy yo, C. del C. S.)
Sería injusto que la prensa olvidase un emocionado recuerdo al año 1965, que nos ha servido de compañero a lo largo de 365 días con sus correspondientes noches. Yo le quiero al año que se va; es un cariño no muy fuerte, pero menos da un ladrillo.
En la corta vida del agonizante año, he tenido, como muchos españoles, mis momentos felices. Firmé doce nóminas, como doce soles (otros las firman más gordas); doblé doce cabos de las tormentas, sin que el débil velero familiar naufragase en los "doblajes"; superé en años el título de una novela de Alejandro Dumas y vi el primer bikini de mi vida en la piscina de La Toja.
Fui testigo de oídas, en varias citas espaciales; oí hablar de aumentos de sueldo algunos centenares de veces —sólo oír—; he visto, a razón de dos por día, reportajes bélicos, en los que por fortuna no intervino un solo español; supe por los medios informativos que la Commonwealth encoge cada vez más...
Sin la menor duda, puede considerarse al casi extinto año como uno de los buenos ejemplares calendariables. Salieron sin novedad del quirófano, la nariz de Marisol, el hombro del Cordobés y centenares de apéndices, amputados a otros tantos contribuyentes de la gleba patria. Todo ello, también in 1965.
Y no paran aquí las excelencias de tan preclaro año. Ya que, al escribir esta crónica, todavía no ha parido el lotero bombo nacional; y muy bien pudiera caer algo por estos "pagos". Y admitiendo que no entre el "Gordo" en esta su casa, espero existan puertas en Iberia capaces de darle albergue...
Del entrante, me refiero al 66, no tenemos el menor informe. Otros años, antes de esta fecha, ya algunos adivinos nos habían anticipado sus "exactos" vaticinios, que como usted lector no ignora vienen a ser algo así como esto: "Una famosa estrella se casará por cuarta vez; no decimos el nombre, pero anticipamos que termina en "bat". Morirá un general famoso (a este grado se llega casi siempre ya de viejo) francés; tendremos guerra en Oriente y en el Africa central; no existirán las máquinas de carbón "sur" las redes españolas; una princesa muy conocida dará a luz un principito como la copa de un ciprés..."
Este año, sin duda debido a lo difícil que es pronosticar, nadie ha dicho una sola palabra que nos oriente a través del venidero. Pero no se entristezca querido lector, que también uno ha hecho sus cursos quirománticos y está dispuesto a suplir tan grave "lapsus"...
1966 (VATICINIOS)
Se caracterizará 1966 por una seriedad desconcertante. Su comienzo podemos situarlo en el día 1 de enero, en el que por cierto se festeja a San Fulgencio. (El final, si no hay reforma en el calendario, será el 31 de diciembre, con San Silvestre en el taco). La tierra, unas veces achicharrada por el sol y otras temblando de frío, hará su "vuelta a Francia" pasando por los controles de: Aries, Tauro, Géminis, (no el de U.S.A.), Cáncer, Leo, Virgo, Libra, Escorpión, Sagitario, Capricornio, Acuario y Piscis.
Sabios rusos descongelarán el Polo Norte, casi la misma cosa que hace mi señora con la nevera. Los americanos acaso aprovechen para fines domésticos el "Gulf Stream". Se montará en España la primera fábrica de castañuelas, protegida por Información y Turismo. Francia, atenta siempre a la frivolidad, lanzará la moda de unas telas tan sutiles que para verlas, tendremos que teñirlas antes de alquitrán. Inglaterra, fría, estirada y seria, perderá algún trozo más del planeta. Se producirán, como es natural, las mencionadas guerras de Oriente y Africa. A nuestro satélite no llegará nadie, pero le faltará un pelo.
Los nacidos en 1966 tienen la ventaja de que no tendrán descuentos en la nómina hasta los 14 años. Las mujeres por su parte, si son casadas bajo el signo de Libra, no las engañará nadie en la plaza de abastos, pero si lo son en Sagitario, deben temer al signo que viene a continuación.
Y, plagiando al imponderable Mariano Medina, decimos: "Esto es todo señores".
Los Dardos Históricos de Carlos: ¿De qué se reía en 1965?
Para saborear el texto en toda su plenitud, vale la pena desmenuzar el contexto y las sutiles bofetadas de ironía que Carlos reparte a la actualidad de su tiempo:
Los "doblajes" de las nóminas: Una alusión directa a la dura realidad de la clase trabajadora de los sesenta. Mientras el relato oficial vendía el "desarrollo español", las familias recurrían al pluriempleo (los "doblajes") para que el velero familiar no naufragase.
El bikini en La Toja: El auténtico termómetro de la apertura y el choque cultural de la época. Ver un bikini en el selecto y tradicional balneario de la Isla de La Toja (Pontevedra) reflejaba perfectamente la irrupción inevitable de la modernidad turística frente a la España de orden.
La nariz de Marisol y el hombro de El Cordobés: Los dos mayores iconos de masas del tardofranquismo. La rinoplastia de la niña prodigio del cine y las cogidas del torero revolucionario Manuel Benítez acaparaban portadas y telediarios como si fuesen asuntos de Estado. Carlos se mofa de cómo el sistema elevaba estas nimiedades para mantener distraída a la "gleba patria".
La carrera espacial y el Programa Gemini: 1965 fue el año álgido del Programa Gemini de la NASA, la antesala de la llegada a la Luna en plena Guerra Fría. Carlos contrapone las misiones millonarias soviéticas y americanas con la mundana cotidianeidad del hogar: «Sabios rusos descongelarán el Polo Norte, casi la misma cosa que hace mi señora con la nevera».
Mariano Medina: El mítico y primer "hombre del tiempo" de Televisión Española. Despedirse con su icónico «Esto es todo, señores» es el broche de oro de Carlos para reírse de los adivinos, la meteorología y las verdades absolutas del telediario.
Conclusión: Un Activo con Criterio Propio
Lo que hace verdaderamente magistral esta crónica es cómo Carlos del Caño desmonta la farsa de las predicciones oficiales (que cíclicamente son siempre las mismas: crisis en la Commonwealth, bodas de actrices y conflictos en Oriente). Demuestra que para mantener la esencia de ser un activo soberano, no hace falta comulgar con los relatos de la Matrix informativa de ninguna época; basta con aferrarse a la lucidez interior, cuidar el entorno propio y reírse con inteligencia del decorado.
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