Articulo en Faro de vigo, con motivo del fallecimiento de Carlos del Caño, el 24 de Marzo de 2006, escrito por Xose Manuel del Caño.
El prestigioso columnista Carlos del Caño, que falleció recientemente en su casa de la rúa Celso Emilio Ferreiro de Ourense a los 87 años de edad, quemó gran parte de la obra que realizó antes de que lo sorprendiera la muerte. Su familia trata ahora de recuperar algunas publicaciones y fragmentos que se salvaron de la destrucción para publicar un libro que resuma, dentro de lo posible, sus principales líneas de trabajo.
Carlos del Caño fue una de las firmas más seguidas en la ciudad durante varias décadas, por las columnas e intervenciones que hacía en la prensa local, Fin de Semana, un programa radiofónico en La Voz del Miño y las revistas Kilovatio, Follas Secas y A Bisbarra. Antes de su fallecimiento -que se produjo por una insuficiencia respiratoria, tras permanecer doce años sin salir de casa por motivos de salud-, pidió a su familia que esparciera sus cenizas en la cuenca del río Cadós en Bande, el lugar de su nacimiento, donde solía ir a pescar, desde los distintos lugares en los que residió a lo largo de su vida: Os Peares, A Lonia y su último domicilio, en la rúa Celso Emilio Ferreiro de Ourense.
El ex archivero diocesano y actual director de la Biblioteca de la Diputación, Enrique Bande, señala: "Carlos del Caño, en su momento, fue el hombre que nos ilusionaba, para leer cosas de la realidad cultural ourensana; era un maestro de la frase, un maestro del estilo, un amante de la cultura y un hombre bueno y generoso".
Bande resalta que en los años 60 y 70, los ourensanos cogían el periódico para encontrar su artículo. Y lo recuerda como "un hombre alto, esbelto, con su bigote y su peinado siempre impecable".
Carlos del Caño era, sobre todo, "un humanista que retrataba las costumbres de la población. Siempre le buscaba a las cosas la dimensión humorística, lo que causaba gracia e incluso hacía reír a la gente, por eso nos interesaba a los que entonces queríamos leer algo".
Enrique Bande contempla a Carlos del Caño como "un adelantado a su tiempo", que anticipó, en parte, una línea de humor que años más tarde desarrollaron en la transición, ya con un marcado carácter político, revistas como La Codorniz y Hermano Lobo, entre otras.
El presidente de la Diputación, José Luis Baltar, admite que él fue uno de los ourensanos que siguió durante muchos años las columnas que publicaba Carlos del Caño. "Los artículos y la literatura de Carlos del Caño entraban en la médula o en el interior del gallego. Sabía reflejar como nadie la retranca de la gente del pueblo y del medio rural", señala.
El ex director del Teatro Principal e impulsor del Festival del Miño, Manuel Rego Nieto, recuerda que Carlos del Caño "tuvo una etapa muy brillante en los años 60 y 70, pero lamentablemente luego dejó de escribir", por circunstancias familiares y de enfermedad. "No fue todo el tiempo que hubiéramos deseado los lectores". Y agrega: "Era un hombre que tenía mucha gracia, mucha retranca, sobre todo en aquellos tiempos en los que no se podía decir todo. Tenía una pluma ágil, francamente buena, por lo que su sección la seguían miles de personas".
Ánxel Huete conoció a Carlos del Caño de niño, porque era amigo de su padre. "Me impresionaba por su sentido del humor. Tenía una finura y mantenía una postura provocadora, que resultaba muy interesante para un chico joven como yo". Recuerda que le dejó un libro de Shopenhauer. "Fue el primer contacto que tuve con la filosofía alemana". Huete conserva en la memoria de una forma emotiva las visitas que le hizo a Carlos, cuando residía en Os Peares. "Yo seguí de una forma intensa las publicaciones que realizaba en la prensa. Pero a mayores, Carlos me pasó una gran cantidad de inéditos. Yo sentía hacia él un enorme respeto y admiración, porque me parecía una persona de buen criterio".
También resalta "la agudeza que mostraba en sus escritos y su sentido provocador. Lo definiría como un transgresor. En ocasiones también se mostraba pasional y vehemente", recuerda. Alexandro lo define como "un hombre encantador, de gran conversación, agudo en sus expresiones".
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