Antes del SEAT 600, existió el "amor potencial". Comprarse la lona para el coche... antes de tener el coche. La maravillosa retranca de Carlos del Caño sobre los baches de la carretera Orense-Bande.

 

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Algún día también este pecador tendrá coche propio. Por fortuna existen las quinielas, todavía tenemos lotería y, según el horóscopo del diario de la tarde, casi todo me va sobre ruedas: excelente en salud y amor, bueno en dinero y pasable en trabajo. Lástima que mi monedero y mi realidad laboral no participen del hiperbólico optimismo de la prensa. Acaso en materia de esfuerzo pudiera trocarse el "pasable" en un "excelente" como la copa de un ciprés.

Por otra parte, como cada gallego que se precie, aún me quedan tíos en América dispuestos a enriquecerme con su nunca deseado sepelio. Sea con dinero procedente de las quinielas, de la lotería nacional o del hipotético sudor de mis tíos (porque con el simple trabajo jamás llegaré a rico), mi primera inversión será, tal como ustedes han adivinado, la adquisición de un utilitario para poder columpiarnos mi esposa y yo por los innumerables baches de la carretera Orense-Bande.

Estoy seguro de que mi "seiscientos" tendrá un trato regio. Cada tres meses al taller para la revisión, engrase semanal; a los seis meses, pintura nueva... En fin, que los mimos prodigados a mis hijas serán ruin parodia comparados al trato a que será sometido el futuro transporte de este servidor de las linotipias provinciales. Hasta es posible que le ponga esos embellecedores un tanto presuntuosos que ahora están en boga.

¡Todo me va a parecer poco para el cochecito! ¡Son tan monos y prácticos! ¡Y tengo tanta gana de ponerme a nivel europeo...! El cariño potencial que ya alberga mi alma por "Él" llega a tal punto que el otro día, en uno de esos saldos que el comercio local nos depara cada lunes y cada martes, me compré una porrada de metros de lona para hacerle una combinación y que no duerma desnudo en el garaje.

Y como aún carezco de vehículo, no tuve otro recurso que probar la funda en uno que estaba aparcado en la calle... ¡Hay coches con suerte y el mío va a ser uno de esos! Y, como dice un buen amigo: "Nunca te acostarás sin poner una funda más".


📌 NOTA DEL EDITOR // Del archivo de Carlos del Caño

¿Quién no ha soñado alguna vez con que le toque la lotería o con recibir la mítica herencia de un "tío en América"? Viajamos hoy a los años 60 con Carlos del Caño para revivir, con esa maravillosa retranca gallega que lo caracteriza, la fiebre del utilitario y el sueño español de poseer un "600".

Con un humor finísimo, Del Caño nos retrata como los seres soberanos que somos: dueños de nuestras propias ilusiones y capaces de reírnos de las dificultades del día a día, de los baches de la carretera de Bande y del optimismo exagerado de los horóscopos de la prensa. Un retrato costumbrista y tierno de una época en la que comprarle una lona al coche que aún no tenías era el primer paso para conquistar el futuro.

Al final, los sueños son nuestro mayor activo. ¿Se acuerdan de cuando el "600" era el rey de nuestras carreteras? ¡Los leemos en los comentarios! 


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