La paradoja del aplauso: Cuando Ourense prefirió el chicle al pasodoble (1967)


Introducción / Puesta en escena: Hay silencios que atronan y aplausos que avergüenzan. El 25 de julio de 1967, Carlos del Caño decidió aparcar por un día su espacio de colaborador habitual en La Región para rebajarse al barro de las "Cartas al Director". No era una queja cualquiera; era un dardo directo al corazón de la idiosincrasia orensana de la época, un tirón de orejas a esa burguesía de terraza de la calle del Paseo, siempre tan dispuesta a deslumbrarse con la pirotecnia extranjera mientras miraba de reojo y con desdén lo suyo.

Con su habitual finura y esa ironía que obligaba al lector a morderse la lengua, Carlos nos regala una crónica breve pero demoledora sobre el complejo de inferioridad y la geopolítica de café.

Texto Íntegro de la Carta:

Cartas al director: Lo nuestro y lo de afuera Orense, 25 de julio de 1967.

Muy señor mío: Rogando el oportuno cobijo a mi carta, voy al grano: La tarde del día 24 del mes, más o menos en curso, desfiló por la calle del paseo, cierta banda de música que interpretaba un españolísimo y airoso pasodoble. La vimos pasar frente a las terrazas cafeteras en medio de un impresionante silencio, interrumpido tan solo por los aplausos de este servidor de usted.

Hace poco tiempo, los soldados americanos, con una especie de director malabarista a la cabeza, recibieron en este mismo lugar una fuerte ovación (yo rendí tributo de silencio en honor a la discriminación y el Vietnam) que ellos agradecieron con esa sonrisa característica de las gentes que mascan chicle...

En cualquier caso es bueno saber que la banda del pasodoble era de la entrañable villa de Celanova, mientras la otra, la aplaudida, representaba al país de la democracia bélica y discriminatoria. Uno naufraga en este mar de confusiones paradójicas. Negamos el aplauso a lo nuestro y lo prodigamos al primero que llega...

Acaso justifique esto el párrafo que copio de «Pueblo» de Madrid, publicado con motivo del festival de la Canción del Miño y firmado por el periodista José Palau: «Ante un público bonachón y facilón (esto de bonachón y facilón...) con la presencia de sus primeras jerarquías», etc., etc.

S. s. s.. que e. s. m. Carlos DEL CAÑO SABURIDO

Nuestro Comentario / Análisis Actual:

Leyendo a Carlos hoy, la bofetada sigue resonando con la misma fuerza. Qué quirúrgico el contraste entre la dignidad silenciosa de la banda de Celanova y el espectáculo circense de los soldados americanos mascando chicle. Carlos no solo denuncia el desaire cultural a los músicos de la provincia; se planta con una valentía tremenda en 1967 al recordar el trasfondo de la segregación racial ("la discriminación") y la sangrienta guerra de Vietnam. Mientras el "público bonachón" aplaudía el uniforme de fuera, Carlos rendía su particular "tributo de silencio" por pura coherencia ética.

La puya final es magistral. Carlos se muerde la lengua recurriendo al periodista José Palau del diario Pueblo de Madrid. Ese "esto de bonachón y facilón..." entre paréntesis es el verdadero remate de la carta. No hace falta que Carlos insulte a sus paisanos; deja que sea la mirada altiva del cronista de la capital la que los retrate. Un recordatorio incómodo de que el servilismo cultural ante el visitante solo cosecha el desprecio condescendiente de los de fuera.

Casi sesenta años después, en este 2026 hiperconectado y saturado de influencias globalizadas, la pregunta de Carlos del Caño sigue flotando sobre las terrazas de la calle del Paseo: ¿Seguimos negando el aplauso a lo nuestro para prodigárselo al primero que llega con un envoltorio brillante?

Comentarios

Entradas populares de este blog

Articulo en Faro de vigo, con motivo del fallecimiento de Carlos del Caño, el 24 de Marzo de 2006, escrito por Xose Manuel del Caño.

La bengala misteriosa (1966): Carlos del Caño y el "boom" de la publicidad en los años 60

El corresponsal y el "labrego" (1960): La realidad de Os Peares frente a la "conferencia Cumbre"