El vaivén del tren (1959): El "Shanghái", el "Jaimito" y el eterno aislamiento de Os Peares

Por Carlos del Caño | Publicado originalmente el 4 de octubre de 1959

Los grandes debates de hoy sobre las infraestructuras, los horarios y los agravios del tren en nuestra provincia no son, ni mucho menos, nuevos. Allá por 1959, las lógicas lamentaciones de los viajeros ourensanos ya quedaban grabadas en la prensa.

En esta ocasión, rescatamos de nuestro archivo una crónica magistral e impregnada de una ironía afiladísima sobre la situación de los vecinos de Os Peares, atrapados entre el vértigo de los tiempos modernos y el olvido de la compañía ferroviaria:

🚂 El vaivén del tren

No hace mucho tiempo que ese tren de todos conocido con el extraño nombre de "Shanghái" tenía su parada en Os Peares. Ahora cruza delante de nuestra estación a velocidad de vértigo, sin darnos tiempo casi a verle.

Ante esta conducta, uno, que puesto a cavilar cavila como el más pintado, se le ocurre establecer varios puntos: todos los pueblos y todas las empresas —incluso la Renfe en otros países que no se designan así— se caracterizan por mejorar sus servicios, creando con ello un ambiente de esto que llaman confort ciudadano. Aquí, al contrario, el precio del billete ha subido y los medios de transporte, con la supresión de esta parada, han disminuido.

¿A qué se debe un modo de proceder tan en desacuerdo con el vértigo del siglo? Es muy posible que esto lo sepan en Madrid, pero nosotros aquí no sabemos nada, y aun sabiéndolo nos quedamos tan frescos. Lo que interesa a los habitantes de Os Peares es poder regresar de Ourense después de un "Jaimito" y antes de otro.

Estas lamentaciones suponemos que tendrán poco éxito, pero ante la insistencia del nunca tan "encantado" contribuyente, uno no tiene otro recurso que darle a la razón y decir que los habitantes de los Tres Ríos no pueden asistir al cine, al fútbol ni a otra clase de espectáculo, por la sencilla razón de verse obligados luego a pernoctar en la capital. Allí, previo pago de cuatro duros, le dan a uno una cama, un peine de tres púas y le conceden el derecho a comprarse una pastilla de jabón si quiere refrescarse el hocico en un agua de dudosa transparencia...

(No todas las fondas en Ourense tienen esta norma, claro).

Comentario del editor: Releer hoy a Carlos del Caño es comprobar cómo la historia se repite. Mientras los trenes modernos de largo recorrido vuelan hoy en día ante nuestros ojos, las necesidades cotidianas de los pueblos y las conexiones de proximidad siguen reclamando el mismo sentido común y el mismo derecho al "confort ciudadano" que se exigía hace casi siete décadas.

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