📰 De "Monday" a "Lundi" — EL TRIKINI
📰 De "Monday" a "Lundi" — EL TRIKINI
Por Carlos del Caño
De vez en cuando doy gracias a Dios por el honor que me confirió al permitir que naciese al Sur de los Pirineos y al Norte del Estrecho de Gibraltar. Ser «peninsular» y no tener nada que ver con esta marca de tabaco es cosa muy digna de agradecer. El español —de los portugueses hablaremos otro día— es un tipo de hombre cuya psicología no ha sido estudiada todavía de un modo completo. Sobran de tal manera las facetas y son tan variadas sus reacciones, que los psicólogos se limitan a divagar a lo largo de sus libros sin determinar cómo es el alma de «Juan Español».
Para mí, la faceta más destacada del «homo hispánicus» —no me refiero a ningún detergente— es sin duda su capacidad de sufrimiento y el fino sentido del humor de que suele hacer gala aún en los más extraños momentos de su vida. Así como la raza anglosajona lo dramatiza todo y la eslava se complace en adornar las cosas con el triste perejil de la sordidez, el español halla en cualquier ocasión sobrado motivo para hacer un chiste, aun cuando a veces resulte un tanto macabro.
Se emite un sello de correos nuevo: chiste; un billete de la acreditada «ganadería» F.N.M.T. (Fábrica Nacional de Moneda y Timbre), chiste; entierran a una suegra (échale un responso...); las «tías» llegan como las patatas, «tan solo dan producto cuando están bajo la tierra»; dispara una ametralladora: «Otra copita de Ojén». El español, tan pronto como ve un cartel, una novedad filatélica, un codiciado cromo de la F.N.M.T. u otra cosa más difícil de adquirir si cabe, reacciona en chiste, aun cuando tenga menos «cromos» que la cartera del comentarista...
En la anterior temporada playera, el bikini quedó consagrado en las costas turísticas de todo el mundo y en 1964, al querer superarse la «marca», tan solo quedaba el recurso de suprimir una pieza y lanzar a la moda el «Monokini», comentario que, como dijimos tiempo ha, quiere colocarse en forma discreta dentro del predio hispánico, sin contar, claro está, con la venia del «Monday» al «Lundi». En realidad, hoy importa poco que se cuele o deje de colarse; ni un servidor profesa disciplina de ética ni pretende con sus comentarios alterar la marcha del mundo, por cierto bastante sinuosa. De lo que se trata en el adjunto folio, es de significar la reacción española ante la novedad.
Juan Español, que jamás se queda atrás en nada, perplejo ante los avances progresistas de Francia, Alemania e Italia, adivina para 1965 lanzar el «Trikini», sensacional traje de baño que, como su nombre indica, consta de tres piezas: sombrero de paja, gafas de sol y sandalias. Este modelo, cien veces más vistoso que el «bikini» y el «monokini», tiene entre otras ventajas la de exponer a los rayos del Sol la máxima superficie de piel femenina y dar a los prismáticos mayor campo visual, de donde se infiere que los viejos verdes, inventores de tan raras novedades, se divertirán de lo lindo.
Y así el pudor, como es natural, evolucionará hasta la hoja de parra; incluso con algo de silencio por parte de la prensa, la radio y la televisión, alcanzará las cimas escalofriantes de lo «integral». Pero el espacio ocupado por el «lundi» y el «monday» se hallarán en todo momento opuestos a la repulsa de estas importaciones que molestan incluso el espíritu de los que, como el arriba firmante, han toreado en casi todas las plazas de España.
Y no es que ahora me hayan dado el cargo de «alguna sociedad protectora de las buenas costumbres» ni que me hayan crecido orejas (ya las tenía grandes). Lo que sucede es que cada uno tiene dos tipos de moral: la que damos a la «galería» y aquella que aplicamos cuando pensamos en nuestras hijas, en nuestra esposa... en todo aquello que de veras estimamos, aun cuando a veces hagamos chistes de mal gusto.
Y sin mayores latas, estimado amigo —conste que silencio tu nombre— me despido hasta que el trikini sea la realidad que tú deseas. Ahora bien; de lo que puedes estar convencido es de que la prensa no comparte opiniones «absolutistas», aun cuando a veces haga comentarios favorables a cosas que no merecen mejor tribuna que la barra de una cafetería o la terraza de cualquier piscina de moda.
— Visto bueno. El Profesor Herr Karl Von Tube
✍️ Comentario del Editor: El pulso de un país que cambiaba a golpe de humor
Leer a Carlos del Caño es siempre un ejercicio de saludable lucidez. En esta magnífica entrega, escrita al calor del año 1965, el autor nos regala una radiografía impecable del choque cultural que vivió la España de los sesenta con la llegada masiva del turismo internacional y las nuevas modas europeas, personificadas aquí en la revolución textil de las playas: del asentado bikini al rupturista monokini.
Lejos de caer en el sermón moralista o el aplauso plano, Del Caño prefiere usar el arma más soberana y libre de la que dispone el "homo hispánicus": el fino sentido del humor y la ironía costumbrista. Con una agudeza casi profética, inventa su propio concepto del «Trikini» (compuesto apenas por sombrero, gafas y sandalias) para reírse de las reacciones de la época y de esos "viejos verdes" pegados a los prismáticos.
Pero el verdadero valor del artículo reside en su tramo final, donde Carlos destapa de forma magistral la dualidad del alma peninsular: esa eterna frontera entre la moralidad que se exhibe de cara a la galería en las terrazas de moda y el respeto profundo hacia lo que de verdad se estima en el entorno familiar. Una crónica impagable que nos recuerda que, cambien como cambien los tiempos y las modas, saber tomarse las cosas con humor y mantener el criterio propio sigue siendo nuestro mejor activo histórico.
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