Cuando el único "banco" al que podías optar para independizarte era el del parque municipal. El genial retrato de Carlos del Caño sobre una odisea que sigue de plena actualidad. 👇
📌 NOTA DEL EDITOR // Del archivo de Carlos del Caño Hay textos que no cumplen años; se convierten en espejos del presente. Hoy rescatamos del archivo de Carlos del Caño un "Pulso de la Ciudad" de asombrosa y dolorosa actualidad: la odisea de conseguir "El Pisito".
Con esa ironía única y esa afilada retranca gallega, Del Caño retrata una realidad que nos suena demasiado: ciudades llenas de pisos vacíos, nóminas que no pueden dialogar con los precios de los caseros y planes oficiales llenos de números brillantes que nunca llegan a la calle.
Acompañamos esta crónica con la fotografía original del autor: una hilera de hórreos de un pueblo orensano. La genial metáfora de Carlos para recordarnos, con una sonrisa amarga, que cuando las soluciones de los de arriba fallan, el ciudadano —como ser soberano y dueño de su destino— acaba mirando a las raíces para encontrar protección contra el viento.
Una obra maestra del costumbrismo crítico. ¿Verdad que parece escrito esta misma mañana? Los leemos en los comentarios. 👇
🏢 EL «PISITO» (De la sección "Pulso de la Ciudad")
Más que las flores, el murmullo de las cristalinas aguas de un inefable riachuelo encauzado entre agrestes y verdes montañas; cien veces más que las rimas llorosas de Bécquer; el doble que las aromáticas flores de la fronda y el piar de los incautos pajarillos, tiene de poesía el dulcísimo vocablo que encabeza este tembloroso "pulso": ¡El Pisito!
Los agentes de las grandes inmobiliarias designan al codiciado nido de un modo tajante y escueto, que cuadra muy bien con este siglo deshumanizado: el piso a secas. Le quitan el diminutivo afectuoso que cobra sabor de miel en labios de millions de parejas a la espera de ese hueco de hormigón y ladrillo donde, si acaso, podrán fundar un hogar.
Pero los pisos bajan despacio —si es que bajan—, la construcción se paraliza por conveniencias que no vienen al caso, y nuestra ciudad se atiborra de viviendas tan vacantes como inaccesibles, sin que los sueldos y las nóminas tengan la suficiente capacidad para entablar diálogo con el casero.
Los organismos competentes, con la severa y justa dialéctica del que sabe lo que se cuece sobre el papel, proponen y ofrecen soluciones a las que nadie podría objetar el más leve comentario. Sobre las albas cuartillas los números "cantan" y los planes de vivienda cobran vida milagrosamente... Lo malo es que, mientras tanto, millares de parejas, sin más cobijo inmediato que un banco municipal, hablan del futuro de sus hijos sin pensar en otro apartamento que no sea la tienda de campaña o el camping.
Uno, que ha dedicado el pasado año al estudio de tan acuciante problema, puede ahora brindar a los novios y novias la fotografía de esta maqueta tradicional de nuestra tierra. Un hermoso grupo de "viviendas" protegidas —sobre todo contra el viento— que ofrece posibilidades habitacionales a las parejas cuyo único capital descansa sobre el único banco a sus alcances: el municipal del parque.
CARLOS DEL CAÑO (Foto del autor)

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