Crónicas de la Época: El II Descenso del Miño en piraguas y RENFE

 Carlos del Caño para El Progreso.


En el corazón de la década de los 60, los ríos gallegos no solo eran fuentes de energía y paisajes imponentes; eran el escenario de grandes gestas deportivas que movilizaban a toda la provincia. Una de las crónicas más recordadas de la época es la que cubrió el II Descenso del Miño, un evento que unió de forma única el deporte de las piraguas con el latido del ferrocarril (RENFE).


Aquellas jornadas combinaban la destreza de los palistas surcando las aguas del Miño con la animación de los vecinos que seguían la competición desde las márgenes y las estaciones del tren. Eran tiempos de esplendor y animación en las fiestas de nuestros pueblos, donde cada evento deportivo se convertía en una auténtica romería moderna.


En el recorte de prensa de la sección "La Provincia", podemos revivir cómo se planificaban y celebraban estos acontecimientos históricos que marcaron a toda una generación.


El Progreso 4 de Julio de 1963

Esta es, amigos lectores, la primera información de la flamante corresponsalía de nuestro diario en la fronteriza localidad de Los Peares, y que un servidor les brinda con algo de retraso y el santo temor de enfrentarse con el excelente público que nos sigue.

Ninguna ocasión mejor que esta para firmar que Cueto y Benito, del Club Virgen de las Mareas de Avilés, se han llevado al río el simbólico gato de la metáfora. A lo largo de un recorrido de 15 kilómetros, estos dos piragüistas mostraron su perfecta clase como campeones de España y, sin mayor agobio, enseñaron los rabiones del veterano Rex Minius.

Por su parte, la maternal y previsora matrona RENFE puso a disposición de los seguidores un tren de 800 metros de largo que llevaba unidas dos locomotoras diésel y coleando 24 vagones, en los que viajaban poco más o menos de 2600 personas, incluidos el interventor y otros fieles funcionarios dispuestos a jalear a los competidores hasta la llegada en la playa de Oira.

Un fallo se dejó ver en la casi perfecta organización del tren de la alegría, y de él damos cuenta a los lectores de El Progreso para conseguir archivos en la nutrida "fabioteca" de los ferrocarriles españoles: el número de náufragos resultó impresionante, dado que el convoy se fue sin dar ocasión a que embarcase la totalidad de los viajeros que pretendían seguir a los competidores a bordo de los vagones que, enganchados a las diésel, semejaban una interminable culebra tropical. Es de suponer que la segunda versión de este internacional descenso a nuestro venerable río no dará lugar a tales tragedias y todos quedaremos tan contentos como Benito y Cueto con este nuevo laurel que añadir a la serie de triunfos logrados en su veterano palear agua por los ríos del Norte.

La caravana de coches resultó de tal magnitud que superaba con mucho a la del pasado año y a los cálculos que hacíamos los más optimistas de la parroquia. Desde autocares y furgonetas, pasando por impresionantes Haigas, hasta la pretenciosa moto y la humilde bicicleta, no faltó nadie en la formación que abarrotaba la casi totalidad de la carretera de Los Peares a Orense; e incluso gentes que tripulaban "tenis" y laborales alpargatas jalonaban la ruta sin miedo al sol ni al aire norte que nos sopló en esa fecha.

Hubo, naturalmente, la emoción lógica de esta clase de competiciones: naufragios con natación apurada, tortillas de huevos y patatas galaicas, cuartillos de tinto, pitillos apurados con nerviosismo de padre primerizo y gritos de ánimo para dar y vender. Pero el miedo guarda la viña y no quiero, por vez primera, darles la lata con tanto piragüismo; me limito a terminar diciéndoles que nos honró con su grata presencia el Excelentísimo Señor Gobernador de la provincia, y que en futuras crónicas les pondré al corriente de los actos que se celebrarán en El Salto de San Pedro, de Saltos del Sil S.A., y a los que asistirán sin duda el señor Obispo de Lugo y otras autoridades de la provincia.

Ahora, lo mismo que en las cartas comerciales, queda de ustedes su atento y seguro servidor que le reitera su este etcétera, etcétera...

Carlos del Caño

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